Suelta la arrogancia de querer despertar a los demás.


 La espiritualidad también tiene su ego. Y es el más difícil de ver.

Hay quienes recorren años de camino espiritual cargando sin saberlo una de las trampas más antiguas: la urgencia de despertar a los demás. De salvar, de iluminar, de mostrar el camino. Y en esa urgencia, sin darnos cuenta, dejamos nuestra propia puerta sin abrir.

El Gran Espíritu no nos envió aquí como maestros de nadie. Nos envió como aprendices de nosotros mismos. La llave que traemos al nacer abre una sola cerradura  la nuestra. Y mientras miramos hacia afuera buscando a quién guiar, esa puerta interior sigue esperando.

Cuando corremos a despertar a otros, muchas veces es porque no queremos mirar lo que aún duerme dentro de nosotros. Es más fácil señalar la oscuridad ajena que encender la antorcha propia. 

Suelta esa carga. No es tuya. Tu misión sagrada en esta tierra no es ser el maestro de nadie. Es ser el estudiante más honesto de ti mismo. Es sentarte frente a tu propio fuego interior ese que a veces tiembla, que a veces se apaga, que a veces quema demasiado  y conocerlo. Alimentarlo. Respetarlo.

Cuando realmente despiertas, no necesitas convencer a nadie. Tu presencia habla. Tu paz enseña. Tu transformación inspira sin palabras.

Despierta. Hacia adentro. Ese es el único camino que te fue dado.

Aho 🦅

Fuente: Los Senderos del Chamán.

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