El síndrome del impostor
Sé que estás hasta el moño de leer artículos que hablan del síndrome dichoso, pero solo para escudarse en que, después de todo, no importa. Total, si a todo el mundo le pasa… ¡Ah!, pero si pretendes construirte una marca personal, seas o no popular, sobre todo en ese caso, te importa. Ya lo creo que te importa. Una anécdota para abrir boca sobre el síndrome del impostor Hace años trabajé en una editorial. Fue el tiempo de la felicidad, el de juntar dos pasiones que ignoraba que pudieran juntarse: la atracción por los espacios y la atracción por las palabras. Como me gusta decir, la atracción por la belleza. Mi perdición. Me habían hecho una prueba de selección: sabía escribir; ese fue mi salvoconducto. Allí aprendí lo que era un libro de estilo y aprendí a corregir. Tres años que fueron bonitos al principio; luego, no tanto. Poco a poco, el ambiente se fue enrareciendo y se nos contabilizaba hasta el número de visitas que hacíamos al baño. Verano. Calor. Agua. Pis, el justo, que s...